3 dic. 2010

Los dos picos de la mesa

Huele a Navidad, a mantecados, a anís, el mercurio marca bajo y un leve color sonrojado se dibuja en nuestros rostros. La televisión nos acribilla con anuncios de pociones maravillosas que al rozar nuestra piel amelocotonada sucumbimos a los mayores placeres que podamos imaginar, todo exento de celulitis. Apenas acaba de nacer diciembre y ya has discutido veinte veces para que te cuadren las fechas de las cenas a las que tienes que acudir.

Y no puedes ir a cualquier lugar, no, es navidad una vez al año no hace daño por lo tanto es de suma necesidad ir a un buen restaurante cual menú predeterminado cuesta como mínimo 35 euros por cabeza. ¡Ojo! pero el sitio genial mucha privacidad para el grupo, un salón que con cada especímen que entra sube un grado la temperatura, terminas abanicándote con la servilleta gruesa de tela que al principio te da pena quitarle esa postura tan bonita e incómoda (parece que ninguna sufre de escoliosis) que un experto en papiroflexia le ha dado para tí.

Cuando te da por supervisar quién va a compartir esta especial cena por unas fechas tan señaladas, hay un par de parejas o tres que no te cuadran...Pero bueno ¡no pasa nada!

Tras la breve charla en la que todos nos decimos lo estupendos que estamos y de hacernos alguna broma que otra, llega el momento tenso de la noche ¿dónde nos sentamos?. Te repites una y otra vez: al lado de esos no, al lado de esos no...Pero aparece el salvador que te solucionará la papeleta.

-Chicas a un lado y chicos a otro.

¿Qué? What?

Bien vamos a dejar claro ciertos puntos, si mi lengua o mente siente la necesidad irrefrenable de contar algo sólo a las féminas en un momento dado de la noche realizaremos lo que se denomina como corrillo. Dícese corrillo a aquella circunferencia imperfecta de cabezas que cotillean y marujean.

No me arreglo yo durante dos horas, poniéndome cremitas que nunca me pongo, metiéndome en las medias para el vestido superideal que me he buscado y maquillado hasta las ingles (delicadamente depiladas como piernas y axilas). Para que ahora me separen del 50% del grupo y de mi pareja.

No llega a mi compresión el por qué nosotros mismos hacemos esas diferencias de sexos, no a todas las mujeres nos gusta lo mismo, no todas conocemos a las mismas personas, no somos putos clones que deben hablar cosas de tías mientras ellos hablan de cosas de tíos, que sabemos de sobra qué cosas son.

Personalmente, siempre he sido una mujer que he tenido muy buena sintonía con ambos sexos y me gustan las conversaciones desde los distintos puntos de vista, que no haya diferencias por tener tetas o no que si se hacen grupos sea que sea por conversaciones de más o menos interés, por feeling, etc.

Sin embargo, no pude luchar contracorriente y terminé mirando a mi pareja...desde el otro pico de la mesa.



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